me atravesó.
—A ti.
—¿Cómo puedo saberlo?
—No puedes.
Silencio.
—Eso es lo que rompí.
Nos quedamos horas.
Él preguntó.
Yo respondí.
No escondí.
No me defendí.
Cuando llegaron los niños, cambiamos de tema.
Comimos juntos.
Era surrealista.
Adrian cortó el pollo de Leo.
Le limpió la boca a Milo.
Ellos hablaban como si nada.
—Papá, mamá dijo que estabas trabajando.
Adrian me miró.
—Sí.
Respondió.
—Tenía mucho trabajo.
No me expuso delante de ellos.
Lo agradecí.
Antes de irse dijo:
—Mañana quiero hacer las pruebas.
—Bien.
—También quiero un