quiero tu “lo siento” todavía.
Asentí.
—Bien.
—¿Los niños fueron planeados?
—Leo no.
—¿Después?
—Milo sí.
Su rostro se contrajo.
—Y la bebé.
—Sí.
—Yo elegí tener más hijos contigo creyendo que eras mi esposa.
—Sí.
—Dios.
Se cubrió la cara.
—¿Alguna vez pensaste en confesar antes de embarazarte otra vez?
—Todos los días.
—Pero no lo hiciste.
—No.
—¿Por qué?
Lloré.
—Porque cada año me tratabas mejor.
Pausa.
—Y yo era una cobarde.
No había defensa.
Adrian se sentó otra vez.
—¿Me querías o querías la vida?
La pregunta