Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

ver la pared abierta.

Dante no respondió de inmediato.

Se agachó frente a Bruno, le tomó el collar de cuero y dijo algo en italiano, bajo, rápido.

El perro se tensó.

Luego entró al túnel.

Dante fue detrás.

—No —dije, dando un paso.

Nico me bloqueó el camino.

—Señora Morales, usted y la niña vienen conmigo.

—Mi hija dijo que el hombre se va por ahí.

—Y mi hermano acaba de entrar a cazarlo.

La palabra cazarlo no me tranquilizó.

Me hizo recordar dónde estaba.

Con quién trabajaba.

Qué tipo