Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

el perro había estado cuidando a mi hija.

—Hoy fui a pedirlo prestado —continuó Sophie—. Porque tú estabas trabajando mucho y yo no quería dormir sola.

—¿Cómo llegaste hasta el señor Moretti?

Nico también parecía querer saberlo.

Sophie señaló la puerta.

—Por la cocina. La señora Teresa me vio.

—¿Teresa estaba despierta? —pregunté.

—Sí. Estaba rezando. Me preguntó por qué lloraba. Le dije que necesitaba a Bruno. Me llevó con el señor Moretti.

Nico se puso rígido.

—Mi madre sabía.

No era pregunta.

Yo lo miré.

—¿Sabía qué?

Él no