morir.
Lo dijo como una orden al universo.
Esa noche no dormimos.
Nadie durmió.
El veterinario operó a Bruno en una sala improvisada de la mansión. La bala había rozado costillas, mucha sangre, pero no tocó órganos vitales. Sophie se quedó sentada frente a la puerta con la almohada de estrella sobre las rodillas.
Dante permaneció de pie junto a la chimenea, cubierto de polvo, sangre ajena y silencio.
Teresa Moretti llegó al amanecer.
Llevaba un rosario en la mano.
Cuando vio a Sophie, sus ojos se llenaron de lágrimas.