Sophie levantó la cabeza.
—Mami, no grites. Bruno está dormido.
Todos callamos.
Incluso Dante Moretti.
El veterinario salió dos horas después.
—Va a vivir.
Sophie soltó un sollozo tan grande que casi se dobló en dos.
Dante cerró los ojos un segundo.
Teresa se persignó.
Yo me senté en el suelo porque las piernas dejaron de sostenerme.
Bruno vivió.
Y con él, algo dentro de Sophie también.
Pero nuestra vida no podía seguir igual.
Ese mismo día empaqué nuestras cosas de la cabaña.
Dante apareció en la puerta mientras doblaba