eso me asustó.
Porque algunas miradas empiezan como refugio y terminan siendo casa.
No esa noche.
Esa noche solo lo dejé entrar porque Sophie preguntó por él.
Se sentó en una silla junto a la puerta, sin invadir, sin tocar, vigilando mientras ella dormía.
A las cinco, me desperté en el sillón.
Dante seguía allí.
Bruno dormía a sus pies.
Sophie respiraba tranquila.
Por primera vez en años, no me sentí sola.
Eso era peligroso.
Pero también era verdad.
El juicio por la muerte de Miguel tardó casi dos años.