Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

noche daba miedo y conmigo demasiado cansada para entenderla.

Esa es la parte que nunca olvido.

Porque las madres también fallamos.

No por falta de amor.

A veces por agotamiento.

Por supervivencia.

Por creer que si ponemos comida en la mesa y techo sobre la cabeza, ya estamos protegiendo suficiente.

Sophie me enseñó que escuchar también es protección.

Bruno me enseñó que algunos guardianes no necesitan palabras.

Miguel me enseñó que la verdad puede esconderse en una caja musical rota y aun así cantar años después.

Teresa me enseñó que