ojos.
Y su silencio me respondió antes que su boca.
En mi mundo, el silencio tenía muchos significados.
A veces era respeto.
A veces era miedo.
A veces era la última oportunidad que alguien tenía antes de cometer un error fatal.
Pero el silencio de Isabel Torres en aquella puerta no era ninguna de esas cosas.
Era duelo.
Era culpa.
Era una madre midiendo, en segundos, si podía salvar a su hija de una verdad enterrada hacía años.
—Te hice una pregunta —dije.
Mi voz salió baja.
Demasiado baja.
Los