El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

despedir” no significaba solo quitar un empleo.

Asintió y desapareció.

Isabel cerró los ojos.

—Por favor, no la asuste.

La miré.

—Entonces dime la verdad.

Ella acarició el cabello de Sofia.

—Cariño, ve con la señora Rosa a la cocina. Te dará chocolate caliente.

Sofia negó con la cabeza.

—No quiero dejarte.

—Solo un momento.

—Mami…

Isabel sonrió, pero la sonrisa le tembló.

—Necesito hablar con el señor Daniel.

Sofia miró hacia mí.

—¿Va a regañar a mami?

La pregunta me golpeó de una manera absurda.

Toda mi vida me