El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

quebrada.

—¿Aparecer dónde, Daniel? ¿En tu club? ¿En tus oficinas? ¿Con una bebé en brazos y una foto de boda? Mateo me había hecho prometer que si algo le pasaba no buscaría a nadie. Que desaparecería. Que no confiara en hombres que hablan de honor mientras entierran secretos.

Yo cerré los ojos.

—Y aun así viniste.

—Porque cuatro años huyendo cansan. Porque Sofia empezó a preguntar por su padre. Porque cada vez que veía una noticia sobre usted, pensaba: ese hombre sabe por qué mi hija no tiene papá. Y