El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

por qué permitió que muriera un inocente.

Sentí que el aire abandonaba la sala.

—¿Quién te dio esto?

—No lo sé.

—¿Viste a alguien?

—No. Solo estaba bajo la puerta.

—¿Y por eso entraste aquí?

—No entré para hacerle daño.

—Eso no responde mi pregunta.

—Entré porque si alguien sabía dónde vivíamos, Sofia ya no estaba segura. Pensé que tal vez… si trabajaba aquí… si descubría qué pasó… podría anticiparme.

—¿Anticiparte a quién?

Isabel me miró con el cansancio de quien lleva demasiado tiempo durmiendo con un ojo abierto.

—A