—Escúchame bien, Isabel. Si alguien dejó esa foto bajo tu puerta, no fue para ayudarte. Fue para traerte hasta mí. Para poner a Sofia bajo este techo. Para hacerme mirar algo que alguien quiere que vea.
—¿Y eso qué significa?
—Que tú no estabas cazándome a mí.
Guardé la fotografía en mi bolsillo.
—Alguien nos estaba juntando.
Isabel palideció aún más.
—¿Para qué?
No respondí.
Porque ya lo sabía.
En mi mundo, cuando alguien te mostraba un muerto antiguo, no buscaba justicia.
Buscaba abrir una tumba lo suficiente para empujarte