como un disparo.
Vincent.
Mi traidor más reciente.
El hombre que vendió información durante dieciocho meses.
El hombre al que yo había considerado hermano.
—¿Vincent investigó a Mateo?
—Sí.
Sentí una presión detrás de los ojos.
La noche del muelle, Vincent había estado allí.
Recordé su voz:
—Jefe, no podemos arriesgarnos. Si habla, va a decir cualquier cosa. Los traidores siempre suplican.
Mateo, de rodillas bajo la lluvia, sangrando por la boca:
—Daniel, mírame. ¿Cuándo te mentí?
Yo no lo miré lo suficiente.
Porque mirar demasiado a un condenado vuelve