El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

Eso la desarmó.

—No deberías confiar en mi palabra. Deberías confiar en garantías.

Tomé una hoja del escritorio y escribí una autorización. Acceso completo de Isabel al análisis forense. Custodia compartida de la evidencia. Copias de resultados. Presencia de un tercero.

Se la tendí.

—Elige tú al tercero.

Isabel miró el papel.

—¿Por qué?

—Porque si Mateo fue inocente, no voy a pedirte fe. Voy a darte pruebas.

Sus ojos buscaron los míos.

—¿Y si las pruebas dicen que lo era?

Respiré despacio.

—Entonces te diré lo que debí decirte