No en una iglesia elegante.
Isabel eligió una parroquia pequeña en Queens, la misma donde se habían casado. Las paredes tenían pintura vieja, los bancos crujían y el sacerdote recordaba a Mateo como “el muchacho que siempre dejaba dinero para las velas aunque decía que no creía en nada”.
Sofia llevó flores amarillas.
Yo me quedé al fondo.
No por respeto a la iglesia.
Por respeto a ellos.
Isabel se arrodilló con su hija frente al altar. Sofia sostuvo una foto de su padre y susurró algo que no alcancé