vez algo pasaba, usted escucharía.
Cerré los ojos.
Mateo no solo murió por mi orden.
Murió creyendo demasiado en una parte de mí que yo no supe usar a tiempo.
—No fui justo —dije.
—No.
—Pero voy a serlo con Sofia.
Isabel me miró.
—No la convierta en deuda.
La frase me atravesó.
—¿Qué?
—No mire a mi hija como algo que tiene que pagar por lo que le hizo a su padre. Ella no es su penitencia.
—No era mi intención.
—Entonces apréndalo ahora. Si va a protegerla, hágalo