El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

Daniel Hale.

Seguía teniendo enemigos.

Seguía dirigiendo empresas construidas sobre cimientos manchados.

Pero empecé a mover piezas.

Vendí negocios que no podían limpiarse.

Cerré rutas.

Saqué a hombres que disfrutaban demasiado del miedo.

Legalicé lo que podía legalizarse y enterré lo que jamás debía tocar a Sofia.

Mis propios socios pensaron que me había vuelto débil.

Uno intentó desafiarme.

Duró poco.

La diferencia era que antes yo destruía para demostrar poder.

Ahora destruía solo cuando era necesario para impedir que mi mundo tocara a quienes no habían elegido vivir en