Cuatro años después del divorcio descubrí que mi exesposa había criado sola a nuestros gemelos… y que mi propia madre la ex-pul-só mientras estaba em-ba-razada

feliz allí.

—Yo también.

Silencio.

—Hasta que dejamos de hablar.

Añadió.

La nostalgia desapareció.

Bien.

No debíamos romantizar.

—¿Por qué no me dijiste que estabas tan sola?

pregunté.

—Lo hice.

—No bien.

—Tú tampoco escuchabas bien.

Correcto.

Nos sentamos.

—Sebastian.

—Sí.

—Si alguna vez pensamos en volver…

Mi corazón se detuvo.

—No quiero hacerlo por los niños.

—Yo tampoco.

—Ni porque tu madre se disculpó.

—No.

—Ni porque ahora seas mejor padre.

—Bien.

—Eso es entre tú y ellos.

Asentí.

—Entonces.

Pausa.

—Tendría que ser porque nosotros todavía tenemos algo.