explicó que no sería seguro volver a trabajar en rescates desde un helicóptero. Esa noticia me dolió casi tanto como perder la confianza en mi familia.
Sin embargo, conservaba mi experiencia, mis conocimientos y las ganas de ayudar. Con parte de la herencia abrí en Monterrey un centro de rehabilitación para paramédicos y rescatistas lesionados. Le puse el nombre de mi madre: Centro Isabel. Allí ofrecíamos terapia física y apoyo psicológico a quienes, después de salvar a otros, necesitaban aprender a reconstruirse.
Dos años más tarde recibí una carta de