vehículo.
Las luces de una camioneta recorrieron el jardín. Una mujer bajó apresuradamente y comenzó a gritar.
—¡Lucía! ¡Dios mío, Lucía!
Era mi tía Elena, hermana mayor de mi madre.
Aquella tarde le había contado por teléfono lo sucedido con el suéter. Le prometí que después de la cena hablaríamos para organizar mi salida de aquella casa.
Al no recibir respuesta a sus llamadas, decidió ir a buscarme.
Elena se arrodilló a mi lado, me cubrió con su chamarra y llamó al 911.
—Mi sobrina está gravemente herida. ¡Necesitamos una