una ambulancia, se arruina la cena y tu papá pierde el contrato. Ya se le pasará el drama.
—Pero hace muchísimo frío —murmuró Renata.
—Te dije que la dejes. Tu padre sabrá qué explicación dar mañana.
Mi hermanastra respondió: «Está bien». Y enseguida empezó a hablar de las fotos que subiría de la cena.
Gabriela detuvo la grabación. Me quedé helada ante su indiferencia. Mi padre me había empujado. Ellas habían decidido que salvarme era menos importante que proteger su dinero.
Renata había dejado una transmisión abierta desde la cocina.