Gabriela acercó una silla a mi cama.
—Tu padre no fue el único que sabía que estabas muriendo afuera, Lucía. Tenemos una grabación de lo que tu madrastra ordenó hacer contigo.
Presionó el botón de reproducción.
Y la primera voz que escuché fue la de Renata, diciendo algo que jamás imaginé oír de mi propia familia.
PARTE 3
mueve.
Hubo unos segundos de silencio. Después escuché la voz de Verónica, tan tranquila como si estuvieran hablando de un plato roto.
—Cierra la ventana y no hagas nada. Si llamamos a