En Nochebuena, mi padre me empujó desde el segundo piso porque, según él, yo había arruinado su contrato millonario. Me dejó casi dos horas a diez grados bajo cero, sin llamar a una ambulancia. “Eres una vergüenza para esta familia”, fue lo último que escuché. Días después desperté en el hospital y mi tía me entregó una carpeta de mi madre fallecida. Al abrirla, entendí por qué mi padre estaba a punto de perderlo todo…

Gabriela acercó una silla a mi cama.

—Tu padre no fue el único que sabía que estabas muriendo afuera, Lucía. Tenemos una grabación de lo que tu madrastra ordenó hacer contigo.

Presionó el botón de reproducción.

Y la primera voz que escuché fue la de Renata, diciendo algo que jamás imaginé oír de mi propia familia.

PARTE 3

mueve.

Hubo unos segundos de silencio. Después escuché la voz de Verónica, tan tranquila como si estuvieran hablando de un plato roto.

—Cierra la ventana y no hagas nada. Si llamamos a