Beatriz.
—Mamá, sabemos que sacaste dinero de nuestro departamento.
—¡Qué barbaridad! ¡Ahora resulta que tu esposa me acusa de ladrona!
—Tenemos videos.
Hubo un silencio.
Después respondió con una frialdad aterradora:
—Yo solo tomé prestado ese dinero. Además, soy tu madre. No tienes derecho a humillarme por unos cuantos billetes.
—Devuélvelo todo, incluyendo la memoria de Mariana.
—¡No voy a permitir que esa mujer me dé órdenes!
Colgó.
Daniel me miró, destrozado.
—Tenemos que denunciarla —dije.
Esta vez no discutió.
Llamamos a las autoridades para pedir orientación y presentar nuestro