que sus perlas temblaron sobre el cuello.
—Desde que se casaron ha querido quitarme a mi hijo. Ahora inventa un robo para destruir mi reputación.
Respiré profundamente.
Durante cuatro años había soportado insultos, comentarios malintencionados y humillaciones delante de nuestros familiares.
Pero aquella vez había algo diferente.
Ya no necesitaba defender mi palabra contra la suya.
Tenía pruebas.
—Señora Beatriz —intervino el oficial—, tenemos conocimiento de unas grabaciones. Necesitamos escuchar su versión y revisar lo sucedido.
—No robé nada —contestó ella—. Solo pedí prestado un dinero que también beneficia a