Ayer vino el técnico a reparar las cámaras, pero olvidé avisarle a mi suegra. Hoy entró a nuestro departamento mientras trabajábamos y dijo: “Si mi hijo vive aquí, esta casa también es asunto mío”. Después abrió nuestros cajones y sacó dinero del congelador. Mi esposo llevaba meses diciendo que yo desconfiaba sin motivo. Esa noche le mostré la grabación, pero lo más doloroso no fue el dinero que faltaba… Advertisements

que sacaste de mi cajón. La que tiene fotografías y grabaciones de mi madre.

—Ah, esa cosa. Pensé que eran archivos familiares. Quería verlos.

—¡Eran mis recuerdos, Beatriz! ¡Mi madre está muerta!

Por primera vez, mi voz se quebró.

Ella levantó los hombros.

—No tienes que ponerte dramática. Es solo una memoria.

Aquella frase me dolió más que el dinero robado.

Daniel levantó la mirada.

—Mamá, basta.

—¿Ahora también vas a regañarme?

—No estás entendiendo. Entraste a nuestra casa a escondidas, revisaste nuestras pertenencias y sacaste dinero sin preguntarnos. Mariana