que sacaste de mi cajón. La que tiene fotografías y grabaciones de mi madre.
—Ah, esa cosa. Pensé que eran archivos familiares. Quería verlos.
—¡Eran mis recuerdos, Beatriz! ¡Mi madre está muerta!
Por primera vez, mi voz se quebró.
Ella levantó los hombros.
—No tienes que ponerte dramática. Es solo una memoria.
Aquella frase me dolió más que el dinero robado.
Daniel levantó la mirada.
—Mamá, basta.
—¿Ahora también vas a regañarme?
—No estás entendiendo. Entraste a nuestra casa a escondidas, revisaste nuestras pertenencias y sacaste dinero sin preguntarnos. Mariana