—No tienen derecho a revisarme porque mi nuera diga cualquier cosa.
Los policías no insistieron en abrirla sin el procedimiento correspondiente. Nos explicaron que debíamos formalizar la denuncia ante el Ministerio Público y entregar las pruebas.
Entonces Beatriz, convencida de que aquello significaba que había ganado, soltó una carcajada.
—¿Ven? Todo este escándalo por nada.
Pero Daniel se acercó a la puerta.
—Dame la llave, mamá.
Ella se quedó mirándolo.
—¿Qué?
—La llave de nuestro departamento. Quiero que me la entregues ahora.
—Daniel, no seas ridículo.
—No voy a repetirlo.