paz que tanto nos costó recuperar.
Beatriz continúa formando parte de la vida de Daniel, aunque de una manera distinta. Hablan de vez en cuando y se encuentran en lugares neutrales.
Todavía no la hemos invitado a nuestra casa.
Y no sabemos cuándo ocurrirá.
Hay heridas que necesitan más que una carta, unas lágrimas o una disculpa para comenzar a sanar.
A veces recuerdo aquella mañana en que mi suegra tomó nuestra llave y anunció que tenía derecho a entrar cuando quisiera.
Entonces comprendo que nuestro problema nunca fue un