durante ese año.
Antes de despedirse, ella preguntó si algún día podrían volver a tener una relación cercana.
Daniel le contestó:
—Tal vez, mamá. Pero tendrás que entender que mi matrimonio no necesita una tercera persona tomando decisiones.
Ella no protestó.
Solamente respondió:
—Ahora lo sé.
Aquella noche, mientras cenábamos, Daniel me preguntó:
—¿Crees que algún día puedas perdonarla?
Me quedé pensando.
—Quizá. Pero perdonar no significa volver a darle las llaves.
Mi esposo sonrió tristemente.
—Tienes razón.
Hoy seguimos viviendo juntos, construyendo nuestros planes y aprendiendo a proteger la