evitar conflictos.
Todavía conservo aquella memoria USB, ahora acompañada de varias copias de seguridad.
Cuando extraño a mi madre, reproduzco sus videos y escucho su risa.
Su voz me recuerda que el verdadero amor no necesita controlar, imponer ni humillar.
El verdadero amor cuida incluso cuando nadie está mirando.
Y si algo me dejó aquella experiencia, fue una pregunta que todavía me hago:
¿Hasta dónde debemos perdonar a un familiar que traicionó nuestra confianza? ¿Merece una segunda oportunidad una suegra que robó dentro de la casa de su propio hijo,