El sobre olvidado en el último cajón

restos de dos cuerpos calcinados. Nunca supieron que la otra persona era una mujer sin hogar a la que Andrés había recogido esa tarde para llevarla a un albergue. Una tragedia dentro de otra tragedia.

Yo la escuchaba sin poder pronunciar palabra.

—Miguel fue el único que supo la verdad —continuó—. Andrés le había confesado todo días antes. Cuando yo aparecí en su puerta esa madrugada, aterrada, sin dinero, con mi hijo dormido en brazos, Miguel no dudó. Me llevó a esta ciudad. Me consiguió esta casa. Falsificó documentos para