cuando lo vi por primera vez en la biblioteca del colegio, inclinado sobre un libro de historia con el ceño fruncido, como si el pasado le debiera algo. Nos casamos poco después de terminar la universidad, tuvimos tres hijos, y con el tiempo llegaron cuatro nietos que llenaron nuestra mesa los domingos. Treinta y ocho años juntos. Vacaciones, hipotecas, hospitales, graduaciones. Creía saberlo todo sobre él. Creía que no había un solo pliegue de su vida que no hubiera compartido conmigo.
El folder que no debía existir
Aproximadamente un mes