leído el anexo completo.
Aquella noche sí.
No era una simple autorización matrimonial.
Era una escritura preparada para transferir parte de mi vivienda a una sociedad vinculada a Adrian.
Debajo había otro documento.
Un poder de representación.
Y una cláusula que permitía utilizar determinados activos como garantía de deudas futuras.
Me senté.
Entonces llamé a mi abogada.
—Victoria, necesito que vengas.
—Elena, son casi las nueve.
—Me caso mañana.
Silencio.
—Ya no.
Después llamé a Beatrice, la coordinadora del evento.
—Necesito modificar la ceremonia.
—Faltan menos de dieciocho horas.
—Lo