Mi prometido olvidó colgar la videollamada y escuché cómo planeaba dejarme sin casa después de la boda… así que cambié el guion de la ceremonia

mí que quiere creer demasiado rápido.

Asintió.

—Eso sí lo entiendo.

No le entregué documentos.

No mezclamos cuentas.

No hicimos promesas grandiosas.

Construimos.

Despacio.

Dos años después me pidió matrimonio.

Mi cuerpo entero se congeló.

Daniel lo vio.

Guardó el anillo.

—Olvida que pregunté.

—No.

—Elena.

—No quiero decir no.

—Pero tampoco sí.

—Exacto.

—Entonces no respondas.

Eso fue todo.

Seis meses.

No volvió a preguntar.

Yo sí.

Una noche.

—Todavía quieres casarte.

—Sí.

—¿Por qué?

Sonrió.

—Porque me gusta nuestra vida.

—Mala respuesta.

—Bien.

Pensó.

—Porque quiero asumir compromisos