divertirte con los demás.
Y cerró la puerta.
Yo había escuchado toda la conversación desde la escalera.
Aquella noche abracé a mis padres durante mucho tiempo.
Por primera vez desde San Valentín, pude dormir sin revisar el teléfono.
Una semana después llegó el verdadero escándalo.
Ada publicó otra fotografía.
Aparecía sentada en el antiguo apartamento que compartíamos Gabriel y yo, abrazada a un cojín de mi sofá.
Debajo escribió:
«A veces la vida te entrega lo que siempre debió ser tuyo».
Reconocí el jarrón de la mesa, la alfombra que