vídeo.
Lo vi una segunda vez.
Después una tercera.
No había sido una broma improvisada.
Habían planeado aquella humillación.
Y el objetivo no era casarse durante un día.
Era comprobar hasta dónde estaba dispuesta yo a soportar.
Paula volvió a escribirme:
«Perdóname. Pensé que Gabriel no se atrevería».
Le respondí:
«Gracias por enviármelo».
Guardé una copia.
No para vengarme.
Sino porque ya había pasado demasiados años permitiendo que Gabriel me convenciera de que mis recuerdos estaban equivocados.
Aquella vez quería conservar la verdad.
Dos días después, Gabriel me esperaba al