salir del trabajo.
Tenía ojeras, la barba descuidada y una expresión que parecía sinceramente desesperada.
—Nina, tenemos que hablar.
Continué caminando.
—No tengo nada que decirte.
Él me siguió.
—Ada está viviendo en el apartamento porque se peleó con sus padres. Solo será temporal.
Me detuve.
—No necesitas explicarme con quién vives.
—¡Pero quiero que entiendas que no pasa nada entre nosotros!
Saqué el teléfono.
Abrí el vídeo.
Y se lo mostré.
El rostro de Gabriel cambió al escuchar su propia voz diciendo que yo jamás lo abandonaría.
Intentó tocar