Gabriel y yo habíamos planeado casarnos amaneció soleado.
Mi madre me llamó temprano.
—Cariño, ¿quieres que vayamos a verte? Sé qué día es hoy.
Me acerqué a la ventana.
Las cortinas amarillas se movían suavemente con la brisa.
Las plantas del balcón estaban llenas de flores.
—Estoy bien, mamá. De verdad.
—¿Segura?
Miré mi calendario.
Aquel sábado tenía una excursión con Clara y Paula.
Después iríamos a cenar a un pequeño restaurante junto al mar.
—Muy segura.
Antes de salir, abrí el cajón donde había guardado la carta de Gabriel.