ME OBLIGARON A CASAR A MI PROMETIDO CON SU «MEJOR AMIGA» EL DÍA DE SAN VALENTÍN. AL DÍA SIGUIENTE, CUANDO VOLVIERON PARA DIVORCIARSE, LES DI UNA NOTICIA QUE LOS DEJÓ HELADOS.

ir —respondí—. Pero yo ya no vivo allí.

Por primera vez desde que había aparecido frente a mi ventanilla, vi auténtico miedo en sus ojos.

—¿Qué has dicho?

—Que recogí mis cosas anoche.

—¿Adónde te has ido?

—Eso ya no te concierne.

A mediodía tenía diecisiete llamadas perdidas.

Doce eran de Gabriel.

Cinco, de su madre.

También había recibido mensajes de amigos comunes y un largo audio de Ada.

No escuché ninguno.

Durante la pausa para comer, mi compañera Clara se sentó frente a mí.

Había presenciado toda la escena