ella estaba triste.
Por los cumpleaños arruinados, las vacaciones canceladas y los mensajes que él escondía con la excusa de que su amiga necesitaba privacidad.
Recordé una noche especialmente dolorosa.
Había sufrido una fuerte infección y terminé en urgencias con casi cuarenta grados de fiebre.
Llamé a Gabriel porque apenas podía mantenerme en pie.
Me respondió que Ada acababa de discutir con su novio y necesitaba que alguien la escuchara.
—Eres adulta, Nina. Pide un taxi. Ada está pasando por algo complicado.
Aquella noche fue mi madre quien me acompañó