la aplicación de la terminal de autobuses y canceló mi reservación frente a mis propios ojos.
—Te vas después del primero de enero —sentenció, mirándome sin el menor remordimiento—. No voy a permitir que dejes a mi madre sola con todo el trabajo de la cena.
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Minutos después, entró un mensaje de audio al celular: era mi madre, rogándome entre lágrimas que me apurara porque mi padre acababa de perder el conocimiento tras preguntar por mí tres veces consecutivas.
Rodrigo escuchó la grabación completa.