—Si tu padre se muere hoy, que se muera. Primero está esta familia.
La voz de mi suegra Teresa me golpeó con más fuerza que la bofetada que acababa de estamparme en la mejilla.
Mi maleta cayó rebotando por los escalones de la entrada. La cremallera reventó y dejó desparramados en el piso mis medicamentos, una bufanda de lana que había tejido para mi madre y la poca ropa que alcancé a guardar con prisa. Me quedé inmóvil, con el teléfono celular apretado entre los dedos y los ojos fijos