Me mandaron a la última fila en la graduación naval de mi hija por oler a pescado: el almirante vio mi silbato quemado e hizo cuadrar a toda la academia

No soy militar. No soy funcionario de gobierno. No soy hombre de traje ni de reloj fino.

Toda mi vida he trabajado entre motores marinos, redes deshilachadas, diesel, salitre y pescado fresco. En los muelles me conocen por la fuerza de mis manos, no por mi apellido. Si una lancha no arranca a las cuatro de la madrugada con la marea alta, me buscan a mí. Si una embarcación regresa con el casco rajado por un arrecife, me llaman a mí. Si el mar se pone bravo y alguien necesita