mi palma solitaria.
Toda la academia naval lo seguía con la mirada sin entender absolutamente nada.
—Hace veintidós años —continuó el almirante, y su voz retumbaba en los altavoces de toda la base—, el huracán azotó con furia la costa de Veracruz. Un buque escuela de esta misma institución encalló de noche contra los arrecifes de la isla de Sacrificios. El impacto reventó la sala de máquinas y el fuego se extendió de inmediato hacia la santabárbara, donde almacenábamos la pólvora de práctica.
El anciano se detuvo a medio metro