Arturo confesó que Mariana había sobrevivido con una lesión cerebral y graves lagunas de memoria. Ella había descubierto las primeras operaciones fraudulentas de Eduardo y
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Beatriz. Tras el accidente, ambos aprovecharon la confusión causada por otra víctima sin identificar y pagaron para registrar a Mariana bajo un nombre distinto en una clínica de cuidados neurológicos. Arturo firmó documentos falsos y Elena pasó años buscándola. Poco antes de morir, la abuela había encontrado indicios de que su hija continuaba viva, pero no alcanzó a localizarla.