te escuché hablando con tu madre.
Ella te preguntó por qué seguías conmigo.
Y tú respondiste algo que nunca olvidé:
“Porque Gabriel sigue siendo Gabriel. Sus piernas cambiaron, pero su corazón no. Y yo amo ese corazón”.
Aquella noche rompí la carta.
Y decidí que, mientras me quedara vida, intentaría hacerte feliz».
Mamá comenzó a llorar desconsoladamente.
Pero todavía quedaba una última página.
Y fue allí donde papá había escondido su verdadera sorpresa.
CAPÍTULO 5. EL ÚLTIMO REGALO DE MI PADRE
Mamá respiró profundamente y continuó leyendo.
«Elena, mi ángel: