Hay algo más que nunca te conté.
Durante treinta años guardé una pequeña cantidad de dinero cada mes.
Al principio eran veinte pesos.
Después cincuenta.
Algunas veces cien.
No era mucho, pero lo hacía pensando en ti.
Cada vez que reparaba una radio, una televisión o un aparato electrónico, apartaba un poquito.
Cuando los niños crecieron y comenzaron a trabajar, pude ahorrar más.
Quería regalarte algo especial.
No una joya.
No un vestido.
Algo que siempre habías deseado y que nunca pudimos permitirnos.
¿Recuerdas cuando éramos novios y me dijiste