el corazón me golpeaba el pecho.
Mi hermana se llevó una mano a la boca.
Mamá continuó leyendo.
«Mi ángel, durante mucho tiempo pensé que el accidente había arruinado nuestro futuro.
Cuando los médicos dijeron que quizá solo viviría diez años más, sentí que te estaba condenando a una vida de sacrificios.
Por eso, una noche, cuando Daniel todavía era pequeño, te escribí una carta de despedida.
Pensaba pedirte que te fueras.
Que encontraras a otro hombre.
Que vivieras la vida que yo creía que merecías.
Pero antes de entregártela,