Desde aquel día, papá dejó de llamarla Elena.
Comenzó a decirle:
«Mi ángel».
—Buenos días, mi ángel.
—Gracias, mi ángel.
—Te amo, mi ángel.
Así la llamó durante el resto de su vida.
Mi madre trabajaba cosiendo ropa para ayudar con los gastos.
Papá aprendió a reparar pequeños aparatos electrónicos desde su silla de ruedas.
Juntos lograron mantener nuestra casa.
Los años pasaron.
Contra muchas expectativas médicas, papá siguió viviendo.
Cuando yo tenía cuatro años nació mi hermana Lucía.
Tres años después llegó nuestro hermano menor, Andrés.
Los médicos habían