último momento.
Según nos contó, sus últimas palabras fueron:
—Gracias por quedarte, mi ángel.
Después cerró los ojos.
Nunca volvió a despertar.
Mi madre no gritó.
No se desmayó.
Simplemente apoyó la frente sobre la mano de papá y permaneció allí durante mucho tiempo.
Desde aquel día, la casa cambió.
La silla de ruedas permaneció junto a la ventana durante semanas.
Sus herramientas siguieron acomodadas en el pequeño taller.
Y mamá continuó preparando dos tazas de café cada mañana.
Hasta que recordaba que papá ya no estaba.
Un año después,